Dos personas llegaron al mismo punto por caminos distintos: el momento en que ya no alcanza con hacer ajustes.
En 2018 empecé un proceso serio de transformación personal. Venía de años difíciles — conflicto conmigo mismo, con mi entorno, y una distancia que yo mismo había construido con las personas que quería.
Lo primero que entendí fue incómodo y liberador a la vez: esa distancia la había creado yo. Reconocerlo fue la puerta de entrada al trabajo real.
Caminé ese proceso con seriedad hasta que, durante la pandemia, me perdí. Volví a viejos patrones. Esa caída terminó en un accidente de auto grave — de esos que uno no cuenta a menos que algo lo haya protegido.
La mañana siguiente tuve la claridad más grande de mi vida, y fue simple: esto no se comparte desde la teoría. Se comparte desde haberlo caminado. A partir de ahí volví al trabajo, esta vez para quedarme, y empecé a formarme para acompañar a otros.
Ese mismo año empezaron a abrirse puertas. Me invitaron a servir con equipos con años de experiencia, y ahí fui construyendo una manera propia de trabajar: simple, sin adornos, y honesta sobre lo que cuesta.
Marcela llegó al mismo punto por su cuenta y en su propio tiempo: la decisión de cambiar de vida por completo, tomada sin saber todavía hacia dónde.
Lo que ella trajo a Aracari es lo que sostiene el trabajo cuando nadie está mirando: el criterio sobre cómo se hacen las cosas. Que cada persona que llega sea recibida con cuidado real y no con una plantilla. Que la forma —el detalle, la estética, el trato— esté a la altura de lo que se le pide a la gente.
Como Directora Cultural, su rol es proteger la integridad de lo que hacemos mientras crece. Es la diferencia entre un programa que escala y uno que se diluye al escalar.
Pablo y Marcela se encontraron en ese punto exacto: cuando ya no alcanza con ajustar y hay que reconstruir.
Un pájaro pequeño en la selva, que ninguno de los dos había visto antes, le dio su nombre al proyecto. El aracari se mueve entre pisos del bosque, entre mundos. Nos pareció exacto: nuestro trabajo es traer lo que se aprende en el silencio a la vida diaria, y hacerlo práctico.
Fundación Aracari quedó registrada en Panamá en 2023, con el número 25063907. Hoy opera programas educativos y de formación personal en Canadá, Centroamérica y Argentina.
Lo que empezó como un proceso personal es hoy un cuerpo de trabajo con estructura: talleres, formación y acompañamiento, además de programas educativos con jóvenes y comunidades.
Modo Reset, nuestro taller insignia, son 12 encuentros en vivo que recorren las 9 conexiones del ser humano — con herramientas concretas que quedan para siempre.
Conoce Modo Reset → KomotúNo guiamos desde la teoría. Guiamos desde haberlo caminado.